Viajar para pensar de manera crítica: un “avión” hacia la inclusión social

En tiempos de vuelos baratos, traductores bastante accesibles y redes sociales motivadoras, nos gusta viajar más que nunca. O, al menos, nos encanta hacer fotos en los lugares que encabezan las listas de TripAdvisor.

No importa cuál sea la principal motivación que nos ha llevado a coger un avión, un coche o incluso una bicicleta e ir a un lugar diferente, la experiencia de viajar siempre traerá cambios en nuestra forma de percibir el mundo. No cabe duda de que a muchos de nosotros nos aporta un punto de vista nuevo y nos abre la mente a las diferencias. Y cuando los viajeros son jóvenes con algunas dificultades económicas y de estudio, pero con unas mentes jóvenes que todavía absorben ideas como una esponja, tenemos un gran ejemplo de dar la oportunidad de convertirse en adultos con pensamiento crítico a aquellos que lo necesitan extremadamente en el mundo actual;

El pensamiento crítico no es algo para lo que estemos programados de forma natural desde el día en que nacemos, ni es una actitud que nos venga dada genéticamente. Aunque este escenario utópico sería definitivamente útil, la realidad es algo diferente;

El pensamiento crítico es una habilidad compleja que hay que aprender y desarrollar pacientemente. Y luego, a veces de forma brutal, se pone a prueba a diario, por ejemplo, cuando nos enfrentamos a la sobresaturación de información (falsa) en el mundo digital, que sucede de manera aterradoramente rápida y relativamente incontrolada. La falta de capacidad de pensamiento crítico en el mundo actual no sólo perjudica a las personas implicadas, mermando su capacidad de acceder a información fiable, sino que puede ser peligrosa para todo el mundo cuando las noticias falsas se hacen virales, se difunden sin control y sin que se las replantee lo suficiente;

Seguro que hasta ahora ya has podido darte cuenta de la conexión que surge aquí. El vínculo entre viajar y desarrollar la capacidad de pensamiento crítico es más que evidente. Pero antes, vamos a aportar un poco más al trasfondo: 

En julio de 2021 el grupo de jóvenes estudiantes polacos de la escuela especial Zespol Szkol nr 3 de Wloclawek tuvo la oportunidad de participar en el programa financiado por los Fondos Europeos, Viajando hacia lo desconocido – Siguiendo los pasos de grandes exploradores, y viajar a Portugal en colaboración con ETIC_Algarve, la Escuela de Innovación y Tecnología de Faro;

Para la mayoría de ellos, era la primera vez que salían al extranjero. Sólo uno había viajado antes en avión. Sus necesidades especiales influyen en sus vidas, pero no les impiden (o mejor dicho, en un mundo perfecto no deberían impedirles) funcionar en armonía con la sociedad. En su mayoría tienen dificultades con los estudios y el aprendizaje, algunos tienen autismo, otros sufren problemas mentales. A veces proceden de entornos difíciles. Y por eso, como alguien podría decir, al ser un grupo social más vulnerable, necesitan aún más la habilidad de pensar críticamente para poder defenderse de quienes pueden aprovecharse de ellos o simplemente intentar sabotear su confianza en sí mismos.

Para convertirse en un pensador crítico, las aportaciones culturales, las experiencias multiculturales, los diferentes puntos de vista y una confianza en uno mismo lo suficientemente fuerte como para expresarse son cruciales. Uno de los principios de la capacidad de pensamiento crítico es que debemos ser capaces de juzgar la situación de la forma más objetiva posible. Todos los factores anteriores, en algún momento, ayudan a salir de la burbuja de la actitud de saberlo todo y desarrollar una forma más abierta de percibir el mundo. Y todos ellos pueden adquirirse viajando y, de hecho, así lo hizo el grupo de estudiantes polacos acogidos por ETIC_Algarve en Portugal;

El mero hecho de experimentar la nueva forma de desplazarse de un lugar a otro de forma rápida y segura, enfrentándose por primera vez al miedo común a volar, fue algo enorme que les moldeó y les dio su propio punto de vista sobre la mística cuestión de volar. A modo de comparación, a la vuelta ya tenían su propia opinión sobre el vuelo y embarcaron más bien con una mentalidad similar a la que solían tener antes sólo al subir al autobús -otra cosa más que te lleva del punto A al punto B.

Por ello, el hecho de situarse en una nueva realidad, rodeados de personas que hablan idiomas diferentes, viéndose obligados de alguna manera a intentar adaptar sus habilidades comunicativas (verbales y no verbales), les dio la confianza necesaria para hablar con personas de otros países con barreras lingüísticas significativamente menores. Algunos hablaban inglés, otros aprendieron algunas palabras básicas en portugués y los supercreativos hablaban a través de traductores. Independientemente del camino que cada uno haya encontrado, todos han dado un primer paso para encontrar la gran voluntad de comunicarse e intercambiar ideas a pesar de las dificultades, un aspecto sumamente importante para el aprendizaje del pensamiento crítico.

Lo que también es importante es la oportunidad de comparar su imagen previa del país con sus propios puntos de vista y experiencias para crear sus propias opiniones al respecto. Y luego, por supuesto, debatir y compararla con las opiniones de sus amigos. Así nacen los debates naturales, aunque tengan su origen en un asunto trivial como el sabor de un almuerzo bastante exótico a base de marisco. Dentro de unos años, esta experiencia crecerá junto con los que la vivieron y será una base para debates sanos y culturalmente dirigidos sobre temas más importantes;

Por último, viajar lejos de casa hace que la gente piense de forma diferente sobre las distancias. El gran viaje familiar a la ciudad en la otra parte del país ya no parece tan grande después de recorrer 2000 kilómetros a lo completamente desconocido;

Para las personas con necesidades especiales, muchas veces excluidas silenciosamente de la sociedad al proyectar sobre ellas la percepción de que son de algún modo imperfectas o incompetentes, la idea de que eran capaces de llegar lejos por sí mismas es también una gran metáfora;

Enriquecidos/as con nuevas experiencias fuera de lo común, llenos/as de confianza en sí mismos/as tras lograr algo que parecía imposible, con la conciencia de las diferencias culturales que deben observarse con atención y compararse objetivamente en lugar de juzgarse impulsiva y emocionalmente, esos jóvenes se equiparon con una herramienta muy valiosa y poderosa: la semilla de la capacidad de pensamiento crítico que pronto florecerá para un futuro mejor.

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